BARCELONA EN MI CORAZON

Barcelona es para mí una vieja y fiable amiga que necesito visitar cada vez que puedo.

Unos de los privillejes de mi condición actual es que puedo desplazarme cuando encuentro vuelos baratos, porque' ya no tengo que adaptar mis viajes a los días de vacaciones.

Gracias a las muchas compañías aéreas económicas, puedo volar a menudo a Barcelona, ciudad que adoro casi cuanto mi querida Génova.

Efectivamente las dos se parecen: el mar les regala escorzas, paisajes y olores semejantes.

Tengo la suerte que en Barcelona puedo contar con una familia siempre feliz de hospedarme, con sus cariño y calor: Mónica, Paco y la pequeña Olivia me llenan el corazón de alegría cada vez que llamo a sus puerta.

Ellos me regalaron hace 6 años mi primero libro de Carlos Ruiz Zafón: desde aquel momento he indiciado a descubrir Barcelona con los ojos de los protagonistas de sus historias, y no me canso de seguir haciéndolo.

Conozco los secretos mágicos del Gótico, que encada paso me lleva en el pasado, y me entrego al atractivo espíritu del Born, dónde la historia se armoniza perfectamente con las nuevas tendencias, e inspira hasta el futuro.

Soy de casa en la Boqueria, dónde me divierto en observar las caras extasiadas de los turistas a la vista de exquisiteces para ellos tan desconocidas y sorprendentes.

No me pierdo el lujo de Passeig de Gràcia, con la sublime magia de las obras de Gaudì, capaz de inspirarse en la naturaleza y en cada forma y color ofrecido él de hojas, flores, animales para crear obras maestras sin tiempo.

Pasear desde el Poblenou hasta la Barceloneta me enseña el alma deportiva de esta metrópoli: adoro caminar hasta la estatua de mi conciudadano Colón, que me invita a descubrir, como él, nuevos mundos.

A veces subo por la Rambla buscando mimos; otras paseo en el Parc de la Ciudadela; o bien decido admirar la vista impresionante mientras subo con el teleférico hasta la ciudad olímpica.

Y luego redescubro Montjuïc, reviviendo cada vez la exposición Universal del 1929.

Entro en la casa del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe: me basta mirarla para entender porque' todavía sea hoy manantial de inspiración de diseñadores afirmados.

Luego me voy al Parc Güell, donde paseo para sumergirme en el genio de Gaudì, que como siempre es adictivo para mi: me obliga a volver por la enésima vez a casa Battlo, a la  Pedrera, y ahora también Casa Vicens, y obviamente a la Sagrada Familia.

¿Cómo renunciar a dar una vueltecita al Tibidabo?

¿O a asistir a una obra al Palau del Música?

¿O a sumergirme en la movida nocturna del Eixemple, o igual de Gracia?

Barcelona es más fuerte que cualquier hecho de crónica, y sabe remangarse las manos y recomenzar.

Barcelona es para mí una vieja y fiable amiga que necesito visitar cada vez que puedo.

Es un lugar dónde me siento segura: la necesito cuando quiero  zambullirme por algunos días en el caótico frenesí de una metrópoli multicultural y aprovechar sus exhibiciones, de sus muchos acontecimientos.

A ella vuelvo cada año para continuar mis estudios, y ahora también para presentar mi libro en versión española.

 

Ella me acoge, me mima, me regala su saber, y no se ofende cuando no veo la hora de dejarla para volver a la isla que me ha robado el corazón.